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30 enero, 2019

Delito de lesiones por colocación de piercing

Vamos a analizar la Sentencia 474/2017 de la Audiencia Provincial de Murcia, que ratifica una sentencia dictada por el Juzgado de lo Penal 6 de Murcia en la que se condena como autor de un delito de lesiones por imprudencia grave del artículo 152.1.1º del Código Penal a un “peluquero” que colocó un piercing, provocando lesiones que consistieron en “absceso en pabellón auricular izquierdo” que requirieron tratamiento médico quirúrgico para su curación.

SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA

Para condenar al acusado, la sentencia recurrida se basa en primer lugar en el testimonio de la propia perjudicada, en segundo lugar en la testifical de la amiga que acudió con ella a realizarse la colocación de otro piercing y la declaración de la madre de la propia perjudicada, ya que acudió en un par de ocasiones al local tras conocer lo ocurrido, donde el acusado le reconoció los hechos quiso ver la oreja de su hija.

La sentencia de primera instancia entiende que las lesiones se deben a la defectuosa colocación del piercing, lesiones que constan acreditadas por el parte de urgencias, más documentación médica e informe médico-forense. Sobre el nexo causal, acepta la sentencia la opinión del médico-forense al no hacer objeción a la versión de la lesionada.

Según las declaraciones practicadas, quedó acreditado que las condiciones para la colocación del piercing fueron propicias para producir el resultado, ya que se realizó en una peluquería, sin guantes, sin lavarse las manos y sin desinfectar la herida ni el instrumento tras el uso.

REGULACIÓN ESPECÍFICA

En el caso que nos ocupa, es importante reseñar que existe una regulación normativa que afectaría al acusado y que parece haber incumplido, estamos hablando del Decreto 17/2003, de 14 de marzo, sobre condiciones higiénico-sanitarias de los establecimientos de tatuaje y ‘piercing’ de la Región. Esta norma vienen a regular los requisitos técnicos y condiciones mínimas sanitarias aplicables a los establecimientos no sanitarios donde se realizan las prácticas de tatuaje o ‘piercing’, u otros de naturaleza similar; su finalidad es proteger la salud de los usuarios y de los trabajadores, así como regular las funciones de autorización y verificación del control del cumplimiento de las normas sanitarias.

Por lo que nos dice la sentencia, a priori el acusado contravino tres preceptos, el art. 4 sobre consentimiento informado, ya que al tratarse de una menor sería necesario que lo hubiera recabado de sus padres o tutores; el art. 7 sobre higiene y seguridad; y el art. 8 ya que no realizó el curso formativo que impone la propia norma.

Por ello, el juzgado concluye que existen suficientes incumplimientos como para elevar la culpa a grave.

SOBRE LA IMPRUDENCIA GRAVE

Nos recuerda la Audiencia de Murcia que “toda infracción imprudente responde la siguiente estructura: de un lado, es aspecto objetivo integrado por el desvalor de acción (infracción de la norma de cuidado) y el desvalor del resultado (la lesión o puesta en peligro del bien jurídico protegido), y de otro lado, el aspecto subjetivo, integrado por el elemento positivo de querer realizar la conducta descuidada, bien sea con conocimiento del peligro que entrañaba (culpa consciente) o sin él (culpa inconsciente) y por el elemento negativo de no querer el autor la producción del resultado.”

Con esta estructura nos diferencia los siguientes requisitos:

  1. Una acción u omisión voluntaria, no intencional o maliciosa.
  2. Un factor psicológico o subjetivo, consistente en la imprevisión de las consecuencias nocivas de la acción u omisión.
  3. Un factor normativo o externo, consistente en la infracción de un deber objeto de cuidado.
  4. La causación de un daño.
  5. La adecuada relación de causalidad entre el proceder descuidado y el daño o mal sobrevenido.

Aprovecha la Audiencia para recordarnos que “tras la reforma operada por la LO 1/15, de 30 de marzo, los resultados lesivos cometidos por imprudencia sólo son penalmente típicos conforme al art. 152 CP si media imprudencia grave o menos grave, excluyendo por tanto la leve”.

Para enmarcar el hecho en una imprudencia grave es preciso que se produzcan lesiones del art. 147.1, 149 o 150.

Para caracterizar la culpa grave, es Jurisprudencia reiterada, debe darse la inobservancia de la más esencial de la prudencia, el total desprecio de los más elementales deberes de cautela.

En relación a las exigencias del art. 152 del CP, la Audiencia de Murcia las ha concretado en dos:

  1. Objetiva: un resultado lesivo de los expresamente mencionados en el precepto.
  2. Jurídica valorativa: la inexcusable concurrencia de imprudencia grave o menos grave.

Por todo lo argumentado, podemos concluir como lo hace la sentencia tratada, que “la esencia del delito de imprudencia se encuentra en la infracción de un deber de diligencia”.

 

Eduardo Avilés Aranda.

Abogado.

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