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7 febrero, 2017

LA PROMESA DE MATRIMONIO

Próximamente será el día de los enamorados, momento en el que muchas parejas aprovecharán para hacer una declaración y petición de matrimonio, pero…¿sabemos lo que conlleva prometernos con una persona para contraer matrimonio en el futuro?, en este post vamos a dar solución a esta cuestión.

 

Legislación

Lo primero es que la promesa de matrimonio, comúnmente conocida como esponsales, no produce una obligación de contraer el matrimonio, es decir, que aunque nos hayamos prometido en futuro matrimonio, no quiere decir que tengamos obligación de casarnos, por lo que ninguna de las dos partes podrá obligar a la otra a casarse si no es su voluntad. Esto queda regulado en el art. 42 del CC, cuyo tenor literal es el siguiente:

"La promesa de matrimonio no produce obligación de contraerlo ni de cumplir lo que se hubiere estipulado para el supuesto de su no celebración.

No se admitirá a trámite la demanda en que se pretenda su cumplimiento."

 

Pero continúa nuestro Código Civil, regulando la acción de resarcimiento por los gastos y obligaciones contraídas, en el caso de que incumplimiento de la promesa de matrimonio. A modo de ejemplo, pueden ser gastos resarcibles: el anticipo del restaurante para la boda, los trajes para la ceremonia, el alquiler del coche de bodas o la factura de la floristería, entre otros. Esta acción la encontramos en el art. 43 del CC, cuyo plazo de caducidad es de 1 año, regulada del siguiente modo:

"El incumplimiento sin causa de la promesa cierta de matrimonio hecha por persona mayor de edad o por menor emancipado sólo producirá la obligación de resarcir a la otra parte de los gastos hechos y las obligaciones contraídas en consideración al matrimonio prometido.

Esta acción caducará al año contado desde el día de la negativa a la celebración del matrimonio."

 

Paralelamente a la regulación civil, encontramos la canónica, regulada en el art. 1062 de Código de Derecho Canónico que será de aplicación cuando la ceremonia se pretendiera celebrar en la forma cristiana, con un fondo casi idéntico que la regulación civil. El texto de este artículo es el siguiente:

  1. La promesa de matrimonio, tanto unilateral como bilateral, a la que se llama esponsales, se rige por el derecho particular que haya establecido la Conferencia Episcopal, teniendo en cuenta las costumbres y las leyes civiles, si las hay.
  2. La promesa de matrimonio no da origen a una acción para pedir la celebración del mismo; pero si para el resarcimiento de daños, si en algún modo es debido.

gastos matrimonio

Jurisprudencia

En cuanto a los pronunciamientos de los tribunales, vamos a señalar cuatro sentencias por su fondo, empezando por el tipo de acción que nace por el incumplimiento de la promesa de matrimonio, la Audiencia Provincial de Murcia , en la Sentencia 315/2009 sostuvo que “cabría indemnizar los gastos hechos y las obligaciones contraídas en consideración al matrimonio prometido. Para la obtención de este resarcimiento se acude bien a la responsabilidad extracontractual, o bien a la prohibición del enriquecimiento injusto o a las normas de la comunidad de bienes cuando pudiera existir”.

De la ruptura unilateral por uno de los futuros contrayentes, generadora del derecho, la AP de Madrid, en su Sentencia 233/2004, vino a señalar que “existe prueba de que el proyectado y prometido matrimonio se incumplió por decisión unilateral (…) lo que genera ex art. 43 del Código Civil la obligación de resarcir a la otra parte los gastos hechos y las obligaciones contraídas en consideración al matrimonio prometido”.

Sobre la legitimación de mis mandantes terceros en el acto matrimonial, la AP de Salamanca, en su Sentencia 140/2006, recogía que “las facturas figuran a nombre de los padres de la novia y constan pagadas por ellos, por lo que como titulares del crédito que se deriva del pago realizado deberían ser reclamados por ellos, quienes asumieron tales gastos y por tanto hubieran sido perjudicados por la presunta actuación incumplidora del demandado.(…) Si los gastos u obligaciones no los ha hecho la parte sino un tercero, no podrá acogerse a esta norma, sino que deberá acudir a la obligación de indemnizar que contempla el art. 1902 CC.

La AP de Valencia, en su Sentencia 236/2008, nos regula la legitimación en este tipo de asuntos, expresando que la legitimación ad causam se determina en función de la relación existente entre una persona determinada y la situación jurídica en litigio. Consiste (…) en una posición o condición objetiva en conexión con la relación material objeto del pleito que determina la aptitud para actuar en el mismo como parte. (…) la identifica como la cualidad de un sujeto en relación con la afirmación deducida en un determinado proceso respecto de un acto, negocio, relación o situación jurídica, en cuya virtud se explica la posición de demandado del llamado a juicio en su condición. (…)la conexión legitimadora entre actora y el demandado es innegable, por el propósito, al menos en la demandante de contraer matrimonio, y la exteriorización aparente de tal propósito en el demandado, al acudir a varios sitios  (fotógrafo, florista, restaurante, etc…) originando unos gastos a los que luego se tuvo que hacer frente”.

Respecto al concepto de gastos que recoge el Código Civil, la AP de Málaga, en su Sentencia 497/2014, concluyó que “debe tratarse de gastos reales y efectivos en los que la actora, como contrayente supuestamente perjudicada, haya incurrido con sus recursos y patrimonio propio; y en segundo lugar, debe tratarse de gastos estrictamente hechos en consideración al matrimonio prometido.

 

Resumiendo, para el caso de que se generen gastos provocados por la promesa de futuro matrimonio, el que rompiera dicha promesa deberá abonar los gastos que hubiera provocado, ya sean los de la propia pareja o de terceros relacionados con la ceremonia matrimonial, por lo que antes de prometerse en matrimonio, es recomendable pensar fríamente si es algo que realmente queremos. No pretendo sembrar temor entre los enamorados, simplemente dar información sobre una decisión tan importante, que no tiene que salir mal.

 

Eduardo Avilés Aranda

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